Reflexión 05 de Octubre 2020

“De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas” (1 Crónicas 29. 12, 13).

Hoy nos encontramos frente a la oración realizada por el rey David en su oración a Dios, delante del pueblo de Israel, en la ocasión en que ellos reunieron las ofrendas necesarias para construir el templo en Jerusalén (1Crónicas 29).

Increíblemente un hombre de Estado, con la más alta magistratura de su nación, reconoce públicamente, delante de su pueblo, la supremacía y realidad de Dios en el devenir de su país. En su Acción de Gracias, el rey David afirma claramente quién es Dios y de lo que es capaz de hacer, como también de lo que decide hacer.

Israel ha logrado reunir los fondos necesarios para la construcción del templo y lejos de querer capitalizar para él el triunfo y logro, reconoce humildemente la obra de Dios en medio de ellos. No hay mención alguna a su liderazgo, o a los planes que él había elaborado para la construcción del templo (1 Cr. 28. 11-13, 19), sólo un reconocimiento humilde a la fidelidad de Dios para con ellos como nación.

El rey David, estadista y militar, expresa en su oración de gratitud la realidad de Dios como origen y fuente de los recursos necesarios para gobernar una nación. Le reconoce como la fuente de la riqueza, del honor, del poder y la fuerza, reconociendo también que todo está bajo Su voluntad. Y este reconocimiento profundo y sincero que nace del corazón del monarca, sin importarle su imagen ante el pueblo, provoca espontáneamente su gratitud ante Dios. Señala el rey “…por eso Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas…”.

Como quisiéramos hoy que nuestros gobernantes tuvieran esta misma conciencia del poder de Dios; como quisiéramos que hoy se reconociera la supremacía de Dios en la vida de una nación; como quisiéramos que el temor reverente a Dios, fuera la fuente y motivación de muchas decisiones en bien de millones de personas para erradicar la corrupción, la injusticia, la violencia y el abuso.

Pero, aunque no es así, y sabiendo que una parte importante de nuestro Chile no reconozca a Dios, y aunque muchas de sus autoridades sean agnósticas, ateas e incrédulas, y aunque de continuo y diariamente se quiera torcer la voluntad de Dios en el quehacer nacional, los que le amamos, le conocemos y obedecemos, al igual que David, le damos gracias, y a su nombre le tributamos toda la alabanza y la gloria, porque si bien estamos viviendo condiciones duras y apremiantes, sabemos que todo le pertenece, que todo está bajo su control, y que sin duda veremos más adelante el glorioso propósito por el cual permitió que viviéramos estos tiempos, y en estas condiciones.  

Por eso hermanos y hermanas queridos, no bajemos los brazos, y en oración pidámosle a Dios su fortaleza porque si Él nos ha dado el privilegio de vivir estos tiempos con la conciencia de saber quién es, sin duda nos escuchará y ayudará.

Hagamos hoy nuestras las palabras del profeta Isaías quién escribió, “Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, y los muchachos tropiezan y caen; pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán” (Isaías 40. 30, 31).

Pr. Guillermo Hernández P.

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