Reflexión 19 de Julio 2020

Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, y diles: “¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor! Así dice el Señor omnipotente a estos huesos: ‘Yo les daré aliento de vida, y ustedes volverán a vivir. Les pondré tendones, haré que les salga carne, y los cubriré de piel; les daré aliento de vida, y así revivirán. Entonces sabrán que yo soy el Señor’»” (Ezequiel 37. 4-6)

Hoy estamos frente a unos versos que son parte del capítulo 37 del libro del profeta Ezequiel, donde encontramos una hermosa visión de la restauración del pueblo de Israel por mano de Dios. Si bien son versos referidos a una profecía sobre la situación e historia de éste pueblo que se encontraba sufriendo el cautiverio en Babilonia, es posible apreciar en ellos como Dios actúa en la restauración de los suyos.

Dios afirma, a través del profeta Ezequiel, lo que iba a hacer con su pueblo Israel, y lo señala con autoridad sin dejar duda alguna respecto de lo que él iba a hacer, y que no estaba sujeto a alguna probabilidad de ocurrencia. Señala categóricamente: “Yo les daré aliento de vida”, “Ustedes volverán a vivir…”, “Les pondré tendones, haré que les salga carne, y los cubriré de piel…” “sabrán que yo soy el Señor”, que no solo reflejan su autoridad y potestad, sino que también su compromiso con los suyos.

Increíblemente, y aunque a los ojos del hombre la situación parecía un imposible como lo describe el propio profeta al decir “… pude observar que había muchísimos huesos en el valle, huesos que estaban completamente secos…” (Ezequiel 37. 2), Dios aún tenía mucho por hacer en medio de ellos porque su condición de vida le importaba. Estaba fuertemente vinculado a la historia de los suyos.

Pero lo que Dios iba a hacer por ellos tenía dos dimensiones claras, “Iban a volver a vivir e Iban a saber que Él era el Señor” en quién debían depositar la confianza; una obra completa y perfecta de restauración y esperanza para un nuevo comienzo de vida, como lo expresan los versos de hoy.

Así como la sequedad de los huesos mostraba una condición de desesperanza, como consecuencia del castigo de Dios por sus idolatrías, rebelión e incredulidad, como lo expresa el profeta, “…Nuestros huesos se han secado. Ya no tenemos esperanza. ¡Estamos perdidos!…” (Ezequiel 37. 11), el volver a la vida de éstos huesos señalaba la restauración que Dios traía para su pueblo, y para que supieran que Él lo había hecho porque eran suyos. El juicio de Dios sobre ellos, fue consecuencia de sus pecados; pero la restauración era consecuencia de su gracia y amor por ellos. En ambos extremos de sus vidas estaba Dios.

“Vivir y saber de Él”, son dos condiciones en la lógica de Dios que nunca van separadas. “Vivir y saber de Él” es recibir Su Espíritu que nos introduce en la verdadera vida y nos da testimonio de que lo hizo solo por su gracia. “Vivir y saber de Él” es salir de nuestra “sepultura”, de nuestra condición de “muertos”, para comenzar una “nueva vida”; cómo se lo reitero Ezequiel a Israel, “Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (Ezequiel 37. 13, 14).

Este plan de redención para su pueblo Israel, Dios lo llevó a una dimensión cósmica y universal al enviar a su hijo Jesucristo para la restauración de toda la humanidad pués solo en Él es posible tener esta “nueva vida”. Él mismo lo enseñó en su ministerio terrenal cuando dijo, “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia…” (Juan 10. 10).

Queridos hermanos y hermanas este es el mensaje de esperanza que debemos compartir con aquellos que no saben y no conocen a Jesucristo. Hay en estos versos toda una esperanza de restauración, de vivir una nueva vida, un nuevo comienzo. Muchos hoy en nuestro derredor viven la misma desesperanza del pueblo de Israel gimiendo en sus corazones “…Nuestros huesos se han secado. Ya no tenemos esperanza. ¡Estamos perdidos!…” (Ezequiel 37. 11), por lo que debemos obedecer igual que el profeta Ezequiel y decirles “Escuchen la palabra del Señor! Así les dice el Señor omnipotente: ‘Yo les daré aliento de vida, y ustedes volverán a vivir’” ¡Aleluya! Dios nos usará para traer “nueva vida” a los desesperanzados, a los que se sienten perdidos y secos. ¿Obedecerás a Dios como obedeció el profeta Ezequiel?

Pr. Guillermo Hernández P.

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