Reflexión 24 de Junio 2020

Al atardecer se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Este es un lugar apartado y ya se hace tarde. Despide a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren algo de comer”. “No tienen que irse”, contestó Jesús. “Denles ustedes mismos de comer”. Ellos objetaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. “Tráiganmelos acá”, les dijo Jesús. … Tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos, quienes los repartieron a la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos… (Mateo 14. 15-20).

Hoy estamos ante un increíble milagro que hace el Señor Jesús para alimentar a más de cinco mil personas. Se había hecho tarde y la multitud que había seguido a Jesús necesitaba comer, y el lugar donde se encontraban no era el adecuado para ofrecer alimentación, que fue la preocupación de los discípulos. Sin embargo, Jesús en un tono muy coloquial les hace notar que para comer no debían irse, incluso los desafía a ellos mismos a darles de comer.

Y comienza a gestarse el milagro… sus discípulos le responden “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”, y Jesús responde, “tráiganmelos” (cómo si hubiese dicho “con eso es suficiente”); el relato continúa y ya sabemos que Jesús, después de orar, partió el pan y los discípulos lo distribuyeron junto al pescado quedando la multitud saciada, incluso sobró comida.

He querido compartir con ustedes esta señal de Jesús, porque nos puede ayudar en estos momentos de crisis, de aislamiento, de ansiedad y confusión. Si sabemos que todo está en las manos de Dios, que somos sus hijos y que nada nos separa de su amor, por lo que podemos sobre llevar estos momentos tan inesperados con su ayuda y fortaleza, podemos decirle a Dios… “Señor mira la gran necesidad de las multitudes, ¿qué quieres que yo haga en medio de toda ésta situación?; si bien tengo muy poco que ofrecerte, yo sé que tú lo puedes bendecir y multiplicar… cómo lo hiciste en el desierto con los panes y los pescados de tus discípulos”.

La invitación que nos hace el texto de hoy es a ofrecer aquello que está en nuestras manos, ponerlo a disposición de Dios y confiar que él lo multiplicará y lo usará para el beneficio de otros. La obra de Dios en las actuales condiciones se puede materializar a través de los suyos, si y solo si, los suyos se incorporan compasivamente para “dar de comer” a los hambrientos. Jesús consideraba que el lugar donde estaban los más de cinco mil personas era el adecuado, y si bien humanamente era imposible satisfacer la carencia de alimentos, demostró que no había impedimento para Él… pero lo hizo a través de lo que sus discípulos tenían, incluso lo distribuyó también a través de ellos.

Sus discípulos no estuvieron al margen de lo que Jesús hacía para la multitud, no fueron meros observadores, y hoy es lo mismo por lo que te invito a orar en la presencia de Dios ofreciendo tu vida para que Él disponga de lo que eres, de lo que sabes, de lo que tienes, incluso de lo que quieres hacer, para alimentar a tantos que esperan en el “desierto” por alimento. Pregúntale a Dios ¿qué quieres que yo sepa, recuerde o haga en medio de toda esta situación?

¡Qué Dios nos guíe y nos ayude!

Pr. Guillermo Hernández P.

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